Hola, mentecillas inquietas.
Los lectores y lectoras más o menos habituales habrán podido comprobar que llevo una semana de retraso. Esto se debe a que, como me dijo una compañera de la asamblea Transmaricabollo de Sol, las diosas no me han dotado aún con el don de la ubicuidad. Excusas aparte, es éste el espacio apropiado para relatar lo vivido en estas dos semanas.
Una huelga general en el horizonte, un nuevo movimiento surgiendo en el sector cultural (#nosincultura), además de una vida personal y profesional y mucha actividad de toda índole (como suele pasarnos a cierto tipo de personas, rara vez remunerada). Si en la anterior entrada hablábamos de la tragedia del Madrid Arena, que ya parece haber pasado como un mal recuerdo dejándonos en la memoria cuatro muertes y una dimisión que sabe a poco, ese mismo tema volvió a surgir en la concentración del movimiento #nosincultura el cinco de noviembre en la plaza de Santa Ana en Madrid. En esta cita, nos encontramos medio millar de trabajadores y trabajadoras del mundo de la cultura y el espectáculo así como ciudadan@s cuya labor profesional (si la tienen en estos momentos, cosa que empieza a escasear)no está relacionada con las artes pero están preocupados por la defensa de la cultura. A nadie se le escapa que en estos momentos la cultura, ese término de ambigua definición pero sin lo cual parece que no se puede vivir, es uno de los sectores más castigados. Y ese es el término adecuado, castigo. Porque la derecha, el poder, el capitalismo, el monstruo informe acéfalo al que nos enfrentamos cada día, nos tiene ganas. Porque es esa la razón de que la cultura y la educación sea lo primero que toca un gobierno al llegar al poder (sobretodo los gobiernos que nos han tocado hasta ahora en este país, que han basculado entre la socialdemocracia pactista y resignada hasta el post-fascismo retrógrado). Todo lo que forme ciudadanos adecuadamente informados como masa de pensamiento crítico (educación, cultura, familia(s), entorno...) es lo primero que debe controlar, sino destruir, todo gobierno totalitario que se nombre así... o que simplemente lo sea aunque intente ocultarlo.
Pero es que este no es el caso. El PP no tiene ninguna intención de ocultar ni su pasado, ni su presente, ni sus preferencias. Quiero poner el énfasis en que este gobierno es fascista y totalitario, con todas las letras. Y no podrán hacer nada contra esta afirmación, porque está documentada. Y esto ha sido afirmado por ellos mismos si tomamos como cierta la historia, que nos cuenta (a excepción de cierta academia que se empeña en negar la realidad) que Franco era un dictador fascista. ¿Si no a qué venía el apoyo de los regímenes de Mussolini y Hitler durante la Guerra Civil Española? ¿Y la reunión de Franco y Hitler en la estación de Hendaya para negociar las condiciones de una eventual entrada de España en la II Guerra Mundial devolviendo el favorcillo? ¿Y el envío de miles de voluntarios y prisioneros a luchar contra la URSS en el frente de Stalingrado en la llamada División Azul en abierto apoyo al régimen? Todo eso además de la pompa y la fanfarria propias del fascismo (incluyo a Stalin) como el culto al líder, el control ideológico, la represión violenta por motivos políticos, la censura, las redadas de terror tanto de cuerpos para-policiales apoyados por el poder (requetés y falangistas) como de las propias fuerzas de seguridad (policía armada y servicios de inteligencia) y un largo etcétera.
Much@s podréis decirme (con razón) que no estoy contando nada que no sepamos, pero es que a juzgar por lo que se ve y oye en la calle, redes y medios de comunicación parece que no todo el mundo se halla al corriente de esto. Como quizá no todos los votantes del PP sepan que una ilustre militante de su partido como Esperanza Aguirre dijo en una entrevista que ella, en una tesitura como la del dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis, tiene muy claro de qué lado se hubiera puesto. Estoy prácticamente seguro de que no, pero si a alguien le queda algún tipo de duda sobre el bando al que esta sabandija se refiere (esto último, a tenor de algunas imputaciones de un juzgado de Santander, puede costarme noventa euros... así que de cómo me gustaría que acabasen ella y todos los de su ralea mejor no hablamos), pudimos verla en sede parlamentaria defendiendo claramente y con la cabeza bien alta al franquismo el pasado año dos mil diez.
Y esto es lo que tenemos. Un gobierno al que le canta el pasado muy mal, que no se han preocupado de limpiar ese olor sino que se limitan con orgullo a camuflarlo con malos ambientadores, que se dicen a sí mismos demócratas, y que se preocuparon bien hace algunas décadas de legitimar la perpetuidad del régimen con una chapuza a la que hábilmente bautizaron como Transición hacia la Democracia y que no fue más que una farsa a la que la población de entonces (muchos de los cuales siguen aún en el mismo estado, pero con más canas y arrugas) asistieron en su mayoría atónitos sin entender muy bien en qué diablos parecía que estaban participando. Y con esta película tan bien rodada y editada, han conseguido también durante todos estos años ir desmontando lo que ellos mismos crearon con excusas que ellos mismos han fabricado (crisis, deuda, déficit, desorden público, inseguridad, miedo, etc.), para volver a la ciudadanía definitivamente loca una vez que creíamos que nos íbamos aclarando con las reglas del juego.
Y es por todo ello por lo que tenemos encima de la mesa una hipótesis: La diferencia entre un golpe de estado (revolución) ahora podría significar un ejercicio democrático y no el de julio del treinta y seis. Y es por eso que frenar como podamos la destrucción del estado social y la democracia (si es que alguna vez la disfrutamos) no puede ser sino un acto de libertad frente a al avance de un sistema que se ha nutrido de la idea de la democracia para no instaurarla jamás y tener preparada la retirada de lo poco que parecía democracia en cuanto ya no les hace falta para legitimar nada ni para camuflar ningún discurso neoliberal. Porque ya han llegado al punto de ganar de una vez por todas la Guerra Fría, y los vencedores siempre tienen el derecho absurdo de poder hacer lo que quieran con quienes quieran sin tener que justificarse.
Con todo esto, l@s trabajadores y trabajadoras de la cultura y el espectáculo comienzan desde su Coordinadora y desde el movimiento #nosincultura antes mencionado acciones que, si bien siguen siendo pacíficas en sintonía con las del resto de colectivos, partidos, sindicatos y movimientos sociales, empiezan a rebosar los marcos legales o permitidos con la esperanza de conseguir realmente "algo" efectivo desde la premisa de la desobediencia civil. La lucha por frenar la dictadura financiera capitalista será de tod@s o no será.
Salu2.
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